Batiburrillo ideológico de Pedro Sánchez en la ONU

La salud global, la crisis alimentaria, la transición ecológica, la transición digital y la igualdad de género, esos son los desafíos a los que se enfrenta la comunidad internacional según Pedro Sánchez. Así lo ha asegurado el presidente del Gobierno español durante un discurso ante la Asamblea General de la ONU en Nueva York, en el que ha obsequiado con el que ha concluido su agenda en Estados Unidos.

De sus palabras, podríamos concluir que en España estamos mejor que queremos. Sánchez se ha presentado como una especie de salvador que lleva al país por la senda de la prosperidad. Parece que ya ha empezado a hacer campaña de cara a su candidatura a presidir la internacional socialista, que anunció apenas unas horas antes de su comparecencia.

El Jefe del Ejecutivo ha hecho propaganda de su propia gestión y ha introducido -como ha podido- todos los estandartes que la izquierda española lleva a gala (como la transición ecológica y la igualdad de género). Incluso ha enarbolado la figura del comunista Gustavo Petro, sin tener en cuenta su pasado terrorista o su presente dictatorial.

“Colombia inicia una nueva etapa de esperanza”, ha dicho en referencia a su llegada al Gobierno. No parece haber tenido en cuenta las expropiaciones de tierras que acometerá en el país o las controvertidas declaraciones que el líder colombiano realizó durante su intervención en la propia Asamblea, pidiendo en el fin de “irracional guerra contra las drogas”.

El precio del multilateralismo

Sánchez ha situado a España a la vanguardia en lo que se refiere a la respuesta ante las distintas “crisis encadenadas”. Ha hablado de la crisis alimentaria generada por la guerra (sin mencionar la intervención rusa de Ucrania), ha asegurado que la crisis climática ha puesto en jaque al planeta, y ha recordado que la pandemia ha exacerbado las desigualdades en todo el mundo.

Ante esta situación, el presidente español ha afirmado que “es comprensible el hartazgo, especialmente entre los jóvenes nacidos con este nuevo milenio”. Pero -ha dicho- cabe la esperanza en la comunidad internacional. La solución es el “multilateralismo”. Es decir, la cooperación. Precisamente la base del primer discurso de Barack Obama ante la Asamblea en 2009 y que -repasándolo- se parece bastante.

En cualquier caso, esto del multilateralismo se ha concretado en un reparto de millones que Sánchez ha anunciado a boca llena, ante la Asamblea de las Naciones Unidas. Podemos hablar -por ejemplo- de lo que nos costará su lucha por la igualdad de género: 100 millones de euros. Esa es la cantidad que entregará a organizaciones que trabajan en este sentido, incluyendo a ONU Mujeres. El Ejecutivo español -ha dicho- está muy preocupado por la brecha de género.

El Gobierno de Pedro Sánchez ha constatado “retrocesos” en derechos de las mujeres, en países como Estados Unidos. Ese es el país que ha puesto como ejemplo. Ni Irán, ni Cuba, ni Afganistán… EEUU. España por el contrario, ha asegurado, “es líder en la conquista de derechos en la defensa de la igualdad real y efectiva”.

De puntillas por el Sáhara

Como ha venido haciendo los últimos años, Pedro Sánchez ha hecho referencia a la situación del Sáhara Occidental. Aunque, eso sí, ha eludido hacer mención al cambio de postura del Gobierno español, que quedó patente -el pasado mes de marzo- cuando avaló el plan de autonomía de Marruecos. Lo aceptó como la vía “más seria, creíble y realista”.

Una posición que se ha visto reforzada por el reconocimiento de la “marroquinidad” del Sáhara Occidental, realizado por el propio Sánchez y que fue agradecido por Mohamed VI durante el 69° aniversario de la Revolución del Rey y del Pueblo. Con él se abría -dijo- “una nueva página en las relaciones de confianza y el fortalecimiento de la asociación de calidad” con nuestro país, al que tildó de “amigo”.

Ante la Asamblea de la ONU -claro está- ni una palabra sobre este extremo. Sánchez ha abogado por “una solución política mutuamente aceptable y en el marco de la Carta de las Naciones Unidas y de las resoluciones del Consejo de Seguridad”. Lo que sí ha reiterado es la idea -repetida en los últimos meses como un mantra- de que “no podemos arrastrar conflictos del pasado”. Es decir, la tesis con la que el ejecutivo español justifica el cambio de posición hacia el plan de autonomía marroquí.

Nada esta vez sobre el derecho de “libre determinación” del pueblo saharaui, algo a lo que la ONU hace referencia en sus resoluciones. Sí lo incluyó durante su alocución de 2018, pero desde entonces no lo ha vuelto a mencionar. Deja la pelota sobre el tejado de la ONU y el Enviado Personal del secretario, Staffan de Mistura, cuya labor ha considerado “fundamental”.

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